8 errores que cometí cuando monté mi empresa de wedding planner

Seguramente contar abiertamente los errores que cometí cuando fundé mi empresa de wedding planner, Wednesday, allá por 2010, será una especie de terapia para mí, creyendo que si los escribo quizás así la Violeta del futuro los relea en algún momento y pueda reírse. Pero es verdad que a pesar de todos estos pequeños errores (tampoco es que lo hiciera tan mal, ¿no?) he conseguido vivir de esta maravillosa profesión, he aprendido mucho sobre cómo gestionar una empresa, he creado una marca reconocida y, sobre todo, soy feliz con todo ello.

Espero que podáis leer los errores y que alguna de vosotros no los vuelva a repetir o que, por lo menos, al tenerlos todos juntos se vea que los principios son todos muy duros, que te pueden las ganas y a veces se actúa sin pensar. Te quieres comer el mundo aunque a veces sea el mundo el que te acaba tragando pero, sobre todo, son errores normales, mundanos y que, seguramente, a más de uno le habrán pasado ya. O no, y entonces os echaréis unas risas a mi costa…

Esta es mi lista de errores que cometí cuando fundé Wednesday Wedding Planners:

1. Pequé de ingenua: me dejé aconsejar por gente y por proyectos en los que no profundicé sobre su objetivo final y acabé pringada e invirtiendo tiempo (y dinero, que esto es aún peor) en algo que para mi empresa no resultó ser útil.

2. Pedí ayuda en algunas cosas que no tenía ni idea, pero no en todas, y eso a la larga me resultó contraproducente. Porque, seamos honestos, si yo soy buena gestionando eventos y en Marketing, ¿por qué no debería haber pedido ayuda con toda la parte económica de la empresa, más allá de tener un gestor que me lleve las facturas?

3. No supe decir no a algún proyecto al que debería haberme negado en rotundo. Porque a veces, según quién te plantea el proyecto, si es más grande que tú y lo sabe vender, tú estás feliz con solo la idea de que se haya fijado en ti. Pero claro, si resulta que luego esta compañía cierra y todo el trabajo y tiempo invertido (por la cara, por supuesto) se queda en agua de borrajas, eso no te ha servido para absolutamente nada.

4. Pagué por algún servicio que me daba como resultado cero valor añadido, aparte de quitarme muchísimo tiempo y energía porque yo tenía que gestionar mi escaparate, actualizarlo, ponerle fotos, textos, novedades, etc. Cuando no se crean diferencias entre tu competencia y tú, acabas siendo igual que todo el mundo, no tienes posibilidad de diferenciarte y para el posible cliente eres una más, así que todo el tiempo y dinero que perdí en que mi parcelita fuera una reproducción de mi web no lo invertí en mi web, que es donde realmente mis posibles clientes ven quién soy de verdad.

5. No aproveché todas las reuniones en las que me encontraba con compañeros del sector para hacer un networking con objetivos más claros. Aunque aquí quizás tampoco me gustaría haber sido una de esas personas que van a saco en los eventos y reparten tarjetas sin sentido.

6. No tuve el valor para plantarme delante de algún profesional al que admiraba y que era muy grande para plantearle ideas porque me daba vergüenza por ser una recién llegada o por miedo a que no me tomaran en serio.

7. Este es uno de los peores, porque por un lado el entusiasmo y las ganas te pueden cuando estás empezando, pero por otro no paras de pringar con gente con mucho morro: hice avances de mi trabajo para posibles clientes que nunca me contrataron. Es decir, me pudieron las ganas de coger ese cliente, de tener una boda más, y para ello alguna novia con mucha jeta me pidió más y más, haciendo parte de mi trabajo sin tener la seguridad de un contrato firmado y una señal económica en el banco. Por supuesto, no me contrataron, pero ya llevo unos años en los que no muevo un dedo hasta tener el cliente cerradísimo.

8. No desarrollé ideas que tenía en mente y que por falta de confianza no supe poner en marcha. Esto aún me pasa a veces pero ahora es porque no siempre tengo el tiempo, o a veces no es un buen momento o simplemente no encaja. ¡La falta de confianza ya no es un problema para mí!

Wednesday Wedding Professionals

Está claro que ninguno de estos errores fueron determinantes para que fracasara porque precisamente Wednesday no tardó en coger carrerilla y temporada tras temporada fuimos wedding planner de muchas parejas, les ayudamos a conseguir su boda soñada y, por supuesto, creamos una empresa de wedding planner con cierto prestigio nacional y una buena marca.

Nadie tiene la varita mágica del éxito, pero si me hubiera apoyado en alguien que me hubiera motivado a perder mi vergüenza o a potenciar mis fortalezas, a saber investigar más allá y analizar objetivamente qué era mejor económicamente hablando para mi empresa, quizás mi lista con todos estos errores sería más corta.

Por eso, no dudéis en pedir ayuda, en apoyaros en alguien a quién ya le ha pasado de todo para ayudaros a la hora de comenzar en esta maravillosa aventura de emprender una nueva carrera como wedding planners. Merece la pena.

Foto portada: Pablo Laguia para boda Wednesday

Foto texto: El Marco Rojo para boda Wednesday

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